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martes, 29 de diciembre de 2009

El Puente (Die Brücke)

El puente (1959)

La acción nos sitúa en abril de 1945, durante las últimas semanas de la guerra. Un grupo de adolescentes alemanes que viven en un pequeño pueblo, son llamados a filas, recibiendo la instrucción básica como soldados de infantería. Para evitar que sean enviados al frente, su profesor intercede ante el mando militar local para que los libren de combatir, aunque fracasa en su intento. Finalmente los jóvenes son enviados junto con un sargento veterano a la retaguardia, con el encargo de proteger un pequeño puente sin importancia, a la entrada de su pueblo. Sin embargo, una serie de trágicas coincidencias colocará a los jóvenes soldados en el sector crítico de un ataque de los tanques enemigos.

Como hemos visto en otras reseñas, el cine bélico alemán de los años 50 produjo una serie de títulos que, lastrados por la limitación de medios y por los condicionantes políticos e incluso morales de la posguerra, no resultaron por lo general demasiado brillantes desde el punto de vista artístico. Sin embargo, el estreno en 1959 de "El Puente" supuso una notable excepción a esta regla. La película, basada en una novela del escritor Manfred Gregor, y dirigida por el muy competente realizador alemán Bernhard Wicki sobresale entre sus coetáneas por varios motivos. En primer lugar habría que destacar su marcado, rotundo y efectivo mensaje antimilitarista, centrado en el sacrificio absurdo e inútil de un grupo de niños enviados a combatir como hombres por una causa perdida, lo cual realza el sinsentido de la guerra. En ese aspecto esta película entronca con otros dos grandes films de temática antibelicista como "Senderos de Gloria" y "Sin novedad en el Frente". Además, la película tiene el mérito añadido de contar una historia de una sencillez apabullante, pero a la vez, una historia que transmite bastantes sensaciones de todo tipo al espectador y que desde luego no deja indiferente.

Otro aspecto destacable radica en el realismo de las escenas bélicas, rodadas sin un ápice de efectismo. Pese a que es evidente que el director no dispuso de un gran presupuesto, ni de demasiados medios de producción, logró crear una atmósfera de tensión en las escenas de combate pocas veces igualada (y, dicho sea de paso, posteriormente imitada) en otros films del género. Por poner un ejemplo, las escenas de combate en el puente contra los Shermans americanos (que por cierto, parecen casi de cartón piedra) son bastante buenas, especialmente los segundos que muestran la ansiedad de los muchachos mientras escuchan el ruido de las cadenas de los tanques enemigos aproximándose. Otra secuencia notable es la que nos muestra a uno de los jóvenes soldados alemanes acechando a los tanques americanos con un Panzerfaust desde una ventana, unas escenas que resultan igualmente dramáticas por la tensión que transmiten.

Asimismo, las distintas subtramas de la historia (el hijo del cobarde jefe nazi local, dispuesto a luchar para lavar su honor; los esfuerzos del profesor por evitar el sacrificio de sus discípulos; o la apurada situación de muchas familias alemanas durante la guerra) están muy bien hilvanadas y enriquecen la historia principal. En cuanto al trabajo de los actores, hay que decir todos están muy metidos en sus respectivos papeles, especialmente los jóvenes actores, que logran unas interpretaciones muy creíbles y bastante naturales. Finalmente, hay que mencionar un sobresaliente desenlace, que constituye un perfecto cierre para el mensaje antibelicista del film, amén de ser una de esas escenas que llega a la fibra sensible del espectador.

En definitiva, El Puente, pese a ser una película rodada con escasos medios y con cinco décadas a sus espaldas, ha resistido muy bien el paso del tiempo, y su mensaje aun puede entenderse plenamente vigente hoy día. Una película que puede considerarse sin duda un clásico, no ya dentro del género bélico sino de la historia del cine. Un título imprescindible.

Calificación 9/10

La Crítica de Reisman

* Reseña reeditada

viernes, 18 de diciembre de 2009

Stalingrado, batalla en el infierno (Hunde, wollt ihr ewig leben)

Stalingrado, Batalla en el infierno (1959)

La acción nos sitúa en noviembre de 1942. Un joven oficial de enlace, el teniente Wisse, es destinado al frente del Don como adjunto a una división rumana. Pocos días después de su llegada, los rusos desencadenan una ofensiva general a lo largo del frente de Stalingrado que logra cercar al 6º Ejército Alemán alrededor de la ciudad. En las semanas siguientes Wisse y los altos oficiales del ejército, como el mariscal con Paulus o el general Seydlitz asistirán a la desesperada agonía de todo un ejército luchando por su supervivencia en medio del duro invierno ruso sin apenas suministros, a la espera de que se produzca un milagro que los saque de su apurada situación.

El cine bélico alemán de los años 50 estuvo dominado por dos constantes: por un lado, eran películas con un evidente contenido autoexculpatorio: se trataba de mostrar que no todos los soldados alemanes fueron nazis (lo cual era lógico, dada la situación política de la época); y en segundo lugar, los horrores del nazismo hicieron que la mayor parte de las producciones bélicas alemanas tuvieran un marcado componente antibelicista. En este caso, Stalingrado, batalla en el infierno supuso una temprana mirada (realizada tan solo 16 años después de los hechos) del cine alemán hacia los acontecimientos que rodearon a la catastrófica derrota sufrida por el 6º Ejército en Stalingrado. La película se basa en la novela de uno de los supervivientes alemanes, Fritz Woss, cuyo título original se traduciría como Perros, ¿quereis vivir para siempre?, el cual hace alusión a una célebre frase de Federico II de Prusia a sus soldados, y que nos indica que los dos componentes a los que aludía antes (el antinazi y el antibélico) confluyen en este film.

Porque lo cierto es que esta película puede considerarse un precedente de la más moderna versión -también de producción germana- de Stalingrado (1993) dirigida por Joseph Vilsmaier. Al igual que en esta última, aquí se nos muestra como los soldados alemanes comunes y corrientes sufren, luchan y mueren, mientras que Hitler y el alto mando no son capaces de hacer nada por rescatarlos. También está presente la figura del oficial nazi fanático y cobarde, que simboliza las maldades del III Reich, e incluso se muestra el dilema del general Paulus, incapaz de dar la orden de intentar romper el cerco debido a su sentido de obediencia. Y por supuesto, aparece el componente antibelicista que se plasma en las escenas que muestran los sótanos atestados de heridos agonizantes, mientras Goering habla por la radio sobre el sacrificio del VI ejército; o la desesperación de los soldados por ser evacuados en avión (secuencias, por cierto, que seguramente inspiraron las de la versión de Vilsmaier, porque las similitudes entre ambas son evidentes).

Hay que decir que la película, pese a que las evidentes limitaciones de su presupuesto, es más que decente sobre todo en el aspecto bélico. La recreación de las barracas, trincheras, y de las condiciones invernales de la batalla en medio de las ruinas de la ciudad está muy lograda. Asimismo, las escenas de combate están bien filmadas e incorporan imágenes de documentales reales de la batalla que, gracias a la fotografía en B/N encajan bien con las secuencias filmadas. También aparecen los soldados y oficiales rumanos, algo que se echa en falta en otras producciones más recientes. Lo que sí se echa en falta es quizás alguna mención a las atrocidades cometidas por la Werhmacht en la URSS y algo más de profundidad a la hora de desarrollar el aspecto antibélico de la historia.

En resumen, Stalingrado, batalla en el infierno supone una más que correcta reconstrucción del cerco del 6º ejército, visto desde la perspectiva alemana. Una película quizás no especialmente sobresaliente en ningún aspecto, pero sí que estamos ante un film de buena factura y con unas escenas bélicas bastante apreciables para la época. Para mi gusto, puede contarse entre los mejores films bélicos que se produjeron en Alemania en la década de los 50.

Calificación: 6,5/10

domingo, 13 de diciembre de 2009

Rommel llama a El Cairo (Rommel ruft Kairo)

Rommel llama a El Cairo (1959)

La acción comienza en la primavera de 1942, mientras Rommel prepara su golpe definitivo en Cirenaica conquistando la fortaleza de Tobruk para marchar luego sobre Egipto. A fin de conocer mejor las defensas e intenciones británicas, Rommel planea una audaz misión de espionaje ideada por el conde Lászlo Almásy, un famoso explorador del desierto, consistente en infiltrar a cuatro agentes pertenecientes al Comando Branderburg de la inteligencia militar, dando un largísimo rodeo a través del desierto, hasta llegar a El Cairo. Una vez instalados allí bajo identidades falsas, los agentes informarán de los movimientos de tropas británicas. Pese a que la primera parte de la misión es un éxito, pronto la inteligencia británica comenzará a sospechar que hay agentes alemanes infiltrados en la ciudad.

Rommel llama a el Cairo es un film alemán de espionaje basado de forma razonablemente fidedigna en los hechos reales que rodearon dos de las operaciones organizadas por el Abwerh en el norte de África: la Operación Salaam y la Operación Condor. La primera operación tenía como finalidad introducir en Egipto a los espías alemanes Peter Stanstede y Johannes Eppler, dos de los mejores agentes del servicio secreto. Eppler por su ascendencia medio árabe, su dominio de varias lenguas, y su conocimiento del país al haber residido en Egipto, podía considerarse el espía perfecto para la misión. La complicada ruta de infiltración, un recorrido de unos 3.000 kilómetros a lo largo del desierto libio y egipcio fue supervisada por el famoso explorador y egiptólogo húngaro al servicio del Abwerh Laszlo Almasy, perfecto conocedor de esos parajes, y cuyo personaje inspiró (bastante libremente, eso sí) la historia del protagonista de la oscarizada película El Paciente Inglés.

La misión infiltración fue todo un éxito y tanto Eppler como Stanstede pudieron instalarse sin despertar sospechas en el Cairo, y establecer contactos con el movimiento antibritánico egipcio. Especialmente relevantes eran los datos ofrecidos por la bailarina Hekmat Fahmi, que comenzó a facilitarles información militar muy valiosa gracias a sus contactos con altos oficiales británicos. Los agentes alemanes estuvieron pronto en condiciones para llevar a cabo la segunda operación, denominada “Condor”, consistente en transmitir por radio la información militar que habían obtenido. Sin embargo, un problema técnico en los equipos de radio impidió que pudieran enviar a Rommel las informaciones que habían conseguido usando las claves de la novela Rebecca, como previamente habían acordado. Pocas semanas después, gracias a la captura de dos radiotelegrafistas alemanes implicados en la Operación Condor, la inteligencia británica descubrió la ubicación de Eppler y Stanstede y los detuvo, frustrando de este modo la operación de espionaje alemana.

Esta es la historia que el propio Johannes Eppler se encargo de escribir después de la guerra y que a su vez sirvió de inspiración a Ken Follet para su célebre novela La clave está en Rebeca. Naturalmente, era una historia que se prestaba a ser llevada al cine, y la adaptación contó con la colaboración de Eppler como asesor de los guionistas. Como apuntaba antes, Rommel llama a El Cairo respeta en general los hechos históricos reales, si bien se toma algunas licencias (por ejemplo, la traición de la bailarina Amina, o introducir en la trama un ficticio romance de Eppler con una oficial británica) para hacer mas atractiva la historia.

En lineas generales la película sigue las líneas convencionales del thriller de espionaje, ofreciéndonos una visión con ciertos tintes patrióticos, pero también bastante aséptica, de la historia. Si bien ni el desarrollo argumental ni la puesta en escena resultan demasiado brillantes, la película tiene algunos momentos logrados, como cuando muestra las penalidades que pasa el comando en su travesía por el desierto, o la tensa infiltración de Eppler disfrazado de oficial británico en el cuartel general del El Cairo. Aunque a mi modo de ver, dado los excelentes mimbres que ofrecia la historia real (una de esas historias en las que la realidad parece superar a la ficción) creo que la película se queda a medio gas, limitándose a una narración de los hechos bastante convencional, sin explotar todas las posibilidades que aquellos ofrecian. Lo mismo puede decirse del trabajo de los actores, el cual resulta correcto, aunque sin demasiados alardes interpretativos.

Al final “Rommel llama a El Cairo” se queda en un correcto film de espionaje, aunque sin demasiado brillo. Pero no deja de tener su interés por describir una de las operaciones de espionaje más audaces llevadas a cabo en la II GM. Una historia seguramente a descubrir por muchos.

Calificación: 5/10

martes, 8 de diciembre de 2009

U-47 Comandante Prien (U-47 Kapitänleutnant Prien)

U-47 Comandante Prien (1958)

La acción comienza en Octubre de 1939. El hundimiento por error del buque de pasajeros Athenia a manos de un submarino alemán provoca una crisis en el seno de la flota submarina. Decidido a desquitarse y recobrar el prestigio de sus submarinos, el jefe de los U-Boote selecciona a uno de sus mejores hombres, el Capitán Gunter Prien, para llevar a cabo una peligrosa misión. Prien recibe el encargo de infiltrarse con su submarino U-47 en la muy protegida base naval de la Royal Navy en Scapa Flow, en Escocia, con el objetivo de torpedear a los buques de guerra enemigos fondeados alli. Tras cumplir su misión con un rotundo éxito, Prien volverá a Alemania convertido en héroe, pero también conocerá la cara amarga del régimen nazi.

El capitán Gunter Prien fue uno de los héroes tempranos de la II GM. Su audaz incursión en la base Scapa Flow, que se saldó con el hundimiento del acorazado Royal Oak, largamente celebrada por el Ministerio de Propaganda de Goebbels, lo aupó inmediatamente a la categoría de héroe nacional en Alemania, y su figura cobró un aura casi mítica tras su muerte en combate en Alta Mar, acaecida en Marzo de 1941, cuando ya se había convertido en uno de los mayores “ases” de la flota submarina alemana.

Esta producción germana, que vino a rescatar la historia del comandante Prien, se enmarca dentro del cine bélico realizado en Alemania Occidental en la década de los 50. En esa época, el auge de la guerra fria y la alineación de la República Federal Alemana dentro de la esfera capitalista hizo posible que se revisara el delicado tema de la historía belica de la II GM desde la perspectiva alemana, aunque eso sí, marcando distancias con el nazismo. Y en este caso, el peaje que ha de pagar la historia la devalúa bastante. Porque lo cierto es que a la incursión de Scapa Flow solo se dedica la mitad del metraje de “U-47 Comandante Prien”, mientras que en su segunda mitad la historia divaga de manera bastante lastimosa en torno a una trama ficticia que nos muestra los intentos de un cura antinazi alemán para que Prien le ayude a sacar a una serie de personas del país. Y lo peor es que dicha parte resulta mayormente soporífera y da la impresión de que se trata de un “postizo” impuesto a los guionistas por la política de desnazificación vigente en aquellos tiempos.

Entrando a analizar la parte estrictamente bélica, lo cierto es que esta película se ha quedado bastante desfasada. Se nota que el presupuesto era bastante limitado, y eso se traduce en unas secuencias de combate bastante deficientes. Las escenas interiores del submarino son pasables, pero las tomas exteriores son francamente malas, mostrando el uso de transparencias y maquetas no demasiado realistas. Además, la parte de la incursión en Scapa Flow está rodada de una forma demasiado lineal, amén de rápida, por lo que la contemplación de dicha “hazaña” deja al espectador más bien frio. A ello hay que unirle también que la mayor parte de escenas de combate naval se solucionan mediante el uso de escenas entresacadas de documentales, lo cual termina por darle al film un aire de producto de Serie B bastante acusado. Y tampoco las actuaciones –simplemente correctas- consiguen hacer levantar el vuelo a la película.

En resumidas cuentas, “U-47 Comandante Prien” se queda en un título con muy poco brillo dentro del subgénero submarino. En mi opinión, tanto la hazaña bélica de Scapa Flow como el personaje de Prien ofrecían mejores posibilidades para una película. Habrá que esperar quizás a una futura revisión del tema.

Calificación: 3/10

martes, 1 de diciembre de 2009

Comando Secreto (The Secret War of Harry Frigg)

Comando Secreto (1968)

La película comienza cuando cinco generales de brigada aliados son capturados por los italianos en una sauna del Norte de África. Los italianos envían a los generales al cautiverio en el lujoso castillo de Montefiori, donde, rodeados de comodidades y debido a la igualdad de rango, no logran ponerse de acuerdo para imponer un plan de fuga. En vista de ello el mando aliado decide ascender temporalmente a general de división al soldado Harry Frigg (Paul Newman), un consumado experto en fugas y enviarlo a Montefiori para que rescate a los otros cinco generales aliados. Sin embargo, la misión del “general” Frigg se verá complicada por la presencia de la bella Condesa de Montefiori (Sylva Koscina), con la que iniciará un romance, al tiempo que se encarga de posponer los planes de fuga de sus compañeros.

La verdad es que “Comando secreto” (traducción bastante libre del título original “La guerra secreta de Harry Frigg") puede considerarse una de las películas más atípicas dentro de la filmografía del gran (y recientemente desaparecido) Paul Newman. Y es atípica principalmente por dos motivos: el primero es que fue prácticamente la única ocasión en la que Newman encarnó un papel puramente cómico; y en segundo lugar, porque pese a ser a esas alturas una estrella consagrada de Hollywood en el cenit de su carrera, Newman aceptó participar en una producción modesta, acompañado por actores de segunda fila. Quizás lo que sedujo a Newman fue el hecho de poder hacerse con un papel de comedia, un registro que había explorado muy poco en sus anteriores films. Sea como fuere, lo cierto es que el resultado de la película distó mucho de ser satisfactorio. La época de su producción, en pleno apogeo de la guerra de Vietnam, dio lugar a una serie de comedias de tono jocoso y desmitificadoras de la guerra, como por ejemplo ¿Qué hiciste en la guerra Papi?, o ¿Dónde está el frente?. Películas antiépicas que, influidas por el ambiente de la época, tenían un leve poso antibelicista, aunque escaso valor cinematográfico. Y en ese sentido Comando Secreto no es una excepción a la regla.

Porque lo cierto es que el inverosímil punto de partida argumental, si al menos hubiera sido desarrollado con imaginación, gracia, o un guión mínimamente elaborado, podría haber dado lugar a una comedia medianamente aceptable o incluso brillante. Pero el caso es que la comicidad brilla por su ausencia (las situaciones que presenta el film resultan, en el mejor de los casos, simpáticas), el guión es bastante plano, y los personajes resultan demasiado caricaturescos. En cuanto a las interpretaciones, el oficio y el carisma de Newman son innegables, y no puede decirse que haga un mal papel, pero a mi modo de ver no era el actor adecuado para interpretarlo; si bien su presencia y su buena química con la actriz protagonista Sylva Koscina salvan en parte a la película del desastre total. El resto de actores hace también lo que puede y cumplen con dignidad, si bien las evidentes limitaciones del guión hacen que ninguno pueda lucirse. Si a ello le unimos un ritmo narrativo bastante lento, que hace que sus 100 minutos de metraje parezcan largos, se comprende mejor que esta película no haya pasado precisamente a los anales de la comedia.

Por lo demás poco o muy poco es lo que puede rescatarse de “Comando Secreto”, una película que seguramente habría caido en el más completo de los olvidos de no haber contado en su reparto con el inolvidable Paul Newman. Pero desde luego puede considerarse como uno de los títulos menos memorables dentro de la filmografía del actor.

Calificación: 3/10